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jueves, 2 de julio de 2015

Onirios Pt. 4

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Si hay algo que ha cambiado con los años dentro del proyecto son las viviendas. Al principio a los clones se les daba una casa con patio; una opinión común es que los científicos los habían premiado por ser los primeros y los veían como algo parecido a sus hijos, otra conjetura es que los científicos estaban cuidándose de los posibles efectos que el hacinamiento produce en los humanos originales. La necesidad por el espacio llegó pronto. Optaron entonces por ubicar a los clones en pequeños departamentos de una recamara. Nunca fue lo más cómodo pero el entretenimiento no faltó, ya fuera con material originado en la tierra o con las creaciones que los nuevos clones producían. 

Al principio las vocaciones de los clones eran meramente utilitarias, -debía haber gente que supiera construir, reparar, administrar- pero conforme esas posiciones fueron llenadas, otras menos vitales fueron introducidas; nacieron los artistas. Esculturas, libros, pinturas, poco después programas de televisión y películas, los nuevos participaron en todos los ámbitos artísticos de la tierra. Sus primeros trabajos eran comprensiblemente muy cercanos a los de los originales, una copia para una copia, después intentaron alejarse de sus contrapartes y formaron una estética y un humor únicos, nacidos de las vivencias propias. 
Con el tiempo las creaciones de los clones fueron mucho más exitosas que las de la tierra, naturalmente los clones entendían a su público meta y ellos respondían con altos ratings, con llenos totales, con ejemplares agotados. A los científicos eso no les podía complacer más, los clones estaban satisfechos y entusiasmados, a pesar de las limitaciones del espacio, todo iba de acuerdo al plan que tenían. Hasta que no.


jueves, 28 de mayo de 2015

Onirios pt. 3

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Ha habido múltiples esfuerzos por crear vida original a partir de las copias. Para ese propósito se les ha asignado a los clones una pareja en su vivienda. Con esto también vino la encomienda de la cópula, incrementando su frecuencia conforme se acerca el periodo de ovulación en la mujer. Las copias ven esto como un requerimiento natural y el sexo se consuma sin pasión ni vergüenza, además de ser visto como una necesidad física y un deber moral. 
En contadas veces ha aparecido el fenómeno llamado amor. Usualmente se da entre compañeros de hogar aunque también es visto que sucede con algún compañero de trabajo o incluso ha habido casos donde extraños en la calle experimentan el casi mítico amor a primera vista. En estas ocasiones los científicos prohíben el coito ya que arruinaría la metodología del experimento. A los clones la prohibición les parece innecesaria porque no relacionan los sentimientos con el acto. 
A pesar de todas estas medidas, ni una sola gestación ha sido registrada. A nivel celular las copias no tienen defectos, son fieles a los originales. Los investigadores todavía buscan las posibles causas pero aún no encuentran ese elemento indefinible que inicia la vida. Esta situación les inquieta ya que como objetivo último buscan crear una sociedad autosuficiente y libre de influencias externas, y ellos ser simples observadores de su creación. 
Aunque es verdad que los científicos pudieran crear clones indefinidamente, lo que quieren es que su población se mantenga o que incluso crezca sin su ayuda; están dispuestos a incluir el elemento del azar en el experimento con tal de ver resultados favorables.
Tal vez se pueda pensar que buscaban ser algo parecido al concepto de dioses; los clones están hechos, de manera bastante literal, a imagen y semejanza de los investigadores. Puede ser que en realidad algo más que curiosidad científica los haya llevado a tomar esas decisiones, soberbios voyeristas de la nueva humanidad que espían a sus creaciones y en sus creaciones se ven a sí mismos teniendo otras vidas, satisfactorias y sin dudas.

lunes, 11 de mayo de 2015

Onirios Pt. 2

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El proceso de clonación en sí consiste en la incubación, donde el huevo es cargado con el material genético. Después está el periodo de súper gestación, en el cual en tan solo dos años los clones llegan a la madurez. Todo esto dentro de la incubadora y sin conciencia o patrones mentales. Al finalizar este periodo los clones son llevados al Centro de inserción social donde al azar les es asignado un material genético extra el cual determina el papel que desempeñarán dentro de la sociedad. 
Este es el milagro del proyecto Onirios; con su vocación grabada en su ADN todos los clones viven en un estado de satisfacción, no existe el estrés por las presiones laborales, no hay descontento, la mayoría está exactamente donde quiere estar. Es cierto que en algunos clones los rasgos del donador permanecen aún después de que el material genético extra fue insertado. Aparecen en forma de recuerdos o reacciones no siempre apropiadas para el rol que el clon desempeña. En casos muy extremos los clones son llevados de nuevo a la nave donde su paradero final es imposible adivinar. Lo que es seguro es que no se vuelve a ver a una persona con esos rasgos. Por otro lado, si un material genético resulta favorable tanto en rasgos como en combinación genética, se le vuelve a utilizar numerosas veces. He llegado a ver camadas de gemelos de hasta cien miembros. No se producen en masa porque los científicos también buscan la diversidad genética en los especímenes para la segunda etapa del experimento, la cual es la reproducción natural entre clones. 



miércoles, 6 de mayo de 2015

Onirios Pt. 1

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Somos un experimento exitoso. Los científicos en la tierra tenían la teoría de que una nueva sociedad podía emerger con tan sólo hacer leves modificaciones al ADN humano. Bajo esa premisa y buscando quien ocupara las nuevas colonias espaciales emprendieron el proyecto Onirios. Utilizaron el ADN de voluntarios -principalmente de académicos y los propios científicos que lideraban el proyecto - e hicieron clones del material genético.

La manipulación genética es un campo que tiene mucho por recorrer. Los primeros intentos engendraron seres a los que no podía llamárseles humanos, eran monstruos sin conciencia -al menos eso decían los reportes- los cuales fueron incinerados al poco tiempo de confirmar su naturaleza. La segunda generación ya tenía aspecto antropomorfo, pero habían notables diferencias, la frente era considerablemente más grande de lo normal, sus ojos en extremo separados, tenían una apariencia más de sapos que de humanos, además de que eran imbéciles; pruebas hechas demostraron que tenían un CI de no más de 50. 
Ante los fracasos el proyecto casi es clausurado; sólo la casualidad, ese componente que los científicos no están tan cómodos con admitir que forma parte de algunos de sus más importantes avances, pudo devolverle el rumbo. 
Uno de los investigadores tuvo éxito con una muestra de poca viabilidad y, siguiendo el mismo método, los clones resultantes llegaron a ser idénticos a sus originales, excepto que no había nada dentro, sin memoria y perfectos para la inserción del material genético secundario. 

Como era de esperarse, en los reportes nunca se informó qué sintieron los investigadores al ver un duplicado suyo, un ser físicamente idéntico pero que podían moldear a su antojo si les era permitido, o cuál fue su reacción al presenciar las abominaciones que fueron los primeros experimentos y que salieron de su mismo material genético; fracaso y frustración dado forma física. Tales trivialidades estaban fuera del rigor científico y muy seguramente eran consideradas innecesarias. Por otro lado, uno podría cuestionarse ante este descubrimiento las cansadas preguntas de ¿Qué es el alma? y si existe ¿Dónde se localiza? ¿Cuáles son sus bordes? ¿Es transferible? y ¿Cuál es su nacimiento? Antes de eso es necesario separar conciencia, personalidad y alma. Tal vez esta última sea una combinación de las primeras dos. Aunque todos estos cuestionamientos terminan siendo un ejercicio fútil; a los científicos nunca les importó adentrarse en terrenos tan filosóficos, llenos de conjeturas y posibles ambigüedades, y a los ciudadanos aún menos les interesan las posibles respuestas, son lo que son y es todo lo que necesitan saber. Así que, alguien exactamente como nosotros, y aun así completamente distinto, está ahí abajo.  

jueves, 19 de julio de 2012

La extraña vida de Edward Mordrake

Querido lector:
Escribo esto no como un intento para redimir mis futuras acciones; entiendo que no hay poder en la tierra o el cielo que pueda absolver lo que llevaré a cabo. No me justificaré tampoco, mas si es que hay una pizca de bondad en su ser, espero que se conmisere con mi situación.

Como debe saber, mi nacimiento sucedió bajo circunstancias extraordinarias; la condesa de Darlington, mi madre, no me esperaba sino hasta unas semanas después. Creo firmemente que desde ahí comenzó la influencia maligna de mi hermana, intentando dañar desde su nacimiento a nuestra progenitora. 
A sabiendas de mi nana -ella nos hizo la confesión de nuestro nacimiento una de las primeras tardes que nos dejaron a su cuidado- el alumbramiento casi mata a nuestra madre. Mi nana tan sólo era una chiquilla acabada de ingresar al servicio, pero nunca olvidaría los gritos de dolor que se escucharon en cada rincón del castillo. Además, tan alejado del pueblo, el médico más cercano tardó unas buenas cuatro horas en llegar.

Cómo sobrevivimos no logro comprenderlo, ahora sé que nunca debimos haberlo hecho. Tal vez fue un designio maligno, de ningún otro tipo puede ser, el que nos permitió vivir. 
Mi madre, la pobre, tardó semanas en recuperarse.
Para ese entonces ya eramos la comidilla de todo el pueblo; las circunstancias de nuestro nacimiento expuestas. A pesar de eso a nuestros padres no pareció afectarles la situación. Crecimos lo más normal que pudimos, me dieron las mayores comodidades y todo lo que pudiera desear, promovieron mi gusto por la música y los estudios -debo reconocer que soy un violinista consumado - jugaba con todos mis hermanos y la vida continuaba en el castillo con relativa normalidad.

A decir verdad, por muchos años no me di cuenta de su maldad, tal vez se encontraba ella en un estado latente o sólo esperaba para hacerme el mayor daño.
Debí tener unos cinco años cuando la recuerdo hablarme por vez primera; había bajado al pueblo con mi nana y ahí estaban todos, mirándonos sin vergüenza alguna, unos pocos hasta persignándose -qué razón tenían-. Yo no entendía sus miradas y pregunté qué pasaba sin recibir respuesta. Hasta que la escuché tan clara, mi hermana murmurando palabras de fuego y sangre. Comencé a llorar y nos regresamos al castillo bajo las morbosas miradas de la gente.

Después de ese suceso mi hermana sólo me habló durante la noche -otro signo de su naturaleza demoniaca- para incitarme a cometer lo que no puedo explicar mas que como los actos más repudiables e indescriptibles.
Aunque no todo el tiempo fue así, había temporadas en las que no me dirigía la palabra; eran meses de paz en los que yo pude concentrarme en la práctica del violín y en cultivar unas pocas amistades. Y justo cuando pensaba que ya no volvería, que me había librado de su caprichosa y maligna voluntad, volvía a escuchar su terrible voz, tentándome, hablándole a mis pensamientos más oscuros e incitándolos a que tomaran acción.

Largas fueron las horas que pasé insomne, suplicante a que guardara silencio. Le rogaba al cielo en un principio y al final terminé por rogarle a ella que acabara su incesante murmullo. Los demás decían que no la escuchaban pero yo sí; la veía por los espejos, contaminando mi espíritu y llevándolo a la perdición, burlándose de mis súplicas con una expresión retorcida y malvada.
Su presencia me ha invadido a tal grado que ha convertido mis sueños en pesadillas ocupadas por demonios y apariciones retorcidas; las pocas veces que puedo conciliar el sueño, despierto con la respiración agitada y un sudor frío, tratando de olvidar las visiones que me presenta.

Le rogué a mis padres que nos separaran, que acabaran con ella ya que nada bueno podía provenir de su ser. Mis padres, horrorizados, se negaron rotundamente y trataron de distraerme con la posibilidad de viajes y actividades banales.
Estoy en mi límite, ella está consumiendo mi alma y antes de que no haya retorno y realmente cometa uno de esos innombrables actos debo acabar con esto.

Por alguna imperdonable maldad de mis antepasados estoy cosido a este demonio y estoy determinado a destruirlo aunque con esto toda posibilidad de redención me sea negada. Una bala en su frente terminará con su existencia y mi sufrimiento.


Ahora, después de conocer mi historia querido lector, sólo tengo una humilde petición, deseo que se me separe de esta abominación antes de enterrarme, no sea que sus horrendos murmullos continúen atormentándome en la tumba.


Edward Mordrake


domingo, 10 de junio de 2012

El telescopio

5 de junio
Hay algo extraño en el aire, una especie de electricidad que tiene a los gatos tensos y a mí con un sentimiento de agitación y fastidio, que no sé por qué ni cómo quitármelo. Al menos el fin de semana está cerca; desde que comenzaron las clases no había podido ir a acampar con Daniel y Luis, ya es hora de alejarme un rato de la ciudad.

9 de junio 
Acampar fue una buena idea después de todo, el cielo se despejó esa noche y pudimos ver las estrellas, aunque lo único que supe identificar es el cinturón de orión; platicamos un rato, principalmente de la escuela y de viejas. También supuestamente algo extraño pasó, mis amigos me dicen que me perdí en la sierra por un par de horas y que no se dieron cuenta cuando regresé porque ya que habían dejado de buscarme y regresado a la tienda yo ya estaba en mi sleeping dormido; No recuerdo nada de eso pero a como es Luis seguramente se lo inventó, además todos estuvimos tomando y nos pusimos medio pedos. 

14 de junio 
Hasta la madre de la escuela pero ya terminaron los finales. En unos días pienso buscarme un trabajo para ir ahorrando para el viaje que andamos planeando de mochilazo a Europa, no llevamos ni la mitad de lo planeado, en parte porque nos lo gastamos en cheve y salidas los fines, pero ay va la cosa.
Sigue esa atmósfera extraña en la ciudad aunque creo que ya casi me acostumbro a ella, ando bien mientras estoy ocupado pero batallo para dormirme y no descanso mucho, dicen que es la presión atmosférica y mamadas así pero quién sabe. Por lo pronto mañana voy a ayudarle a Daniel con su carro, necesita mantenimiento y mi papá tiene herramienta para eso.

16 de junio
Daniel tenía un mugrero en su carro pero ya quedó, le dije que con un cartón quedábamos tablas. Hoy pasaron en un noticiero un video donde supuestamente unas vacas estaban siendo abducidas por aliens, se veía muy real pero qué mamada, pensé que esas cosas nomás salían con Maussan, no en noticieros que se suponen son serios; Aunque ya no me debería sorprender, si la gente se cree todo lo que sale en La rosa de Guadalupe, porqué no mostrar en un espacio serio un video de vacas y extraterrestres, háganme el chingado favor. De jodido se hubieran secuestrado a la bola de políticos ratas que hay en el país, eso sí hubiera estado más interesante.

19 de junio
Ayer me mareé bien cabrón, empezó con un zumbido en los oídos y luego, suelo. Supongo me desmayé por un par de horas porque no recuerdo nada, lo bueno es que estaba solo en la casa así que al menos nadie supo, son muy exagerados con eso de la salud y para qué preocuparlos. Debió ser porque no desayuné ni comí por andar terminando las cosas que me encargó mi papá, se me fue el pedo esta vez.


21 de junio
Hoy caminando por Morelos me empezaron a hablar unos tipos de que la venida de los maestros intergalácticos ya viene y que me debo preparar para recibirlos y formar parte de ellos y no sé qué más. Por eso me gusta esa calle, siempre me encuentro a cada pinche loco aquí; y hasta eso estaba interesante su cotorreo, dicen que en una semana van a llegar con sus naves y que lo supieron por las coordenadas que dejaron en los plantíos de trigo en Tula de Allende hace unos meses, que hasta salió en las noticias para que los contactados supieran y se alistaran. Estaría chingón que vinieran los marcianitos a conquistarnos, total, ¿Qué tan peor se pueden poner las cosas?

25 de junio
No fue una buena noche, me empezó a doler la cabeza ojete y después de tomarme unas pastillas traté de dormir. No recuerdo mucho de mi pesadilla, sólo la sensación de estar flotando en un cuarto blanco y que unas manos abrían mi cuerpo y sacaban algo, no me dolía; pensándolo bien, no sé si es normal que nunca sienta dolor cuando sueño. Me desperté a medio día sudando, y más que nunca, sentía esa inexplicable tensión. El resto del día no pude hacer nada, me la pasé en la sala viendo la tele y tratando de no formar ni un pensamiento, que el dolor de cabeza no se me había pasado. Hasta ahorita pude levantarme y escribir un poco antes de dormir, espero no volver a soñar lo mismo.

26 de junio
Estuve buscando en una página algún trabajo de medio tiempo, creo que lo más probable será que entre a una de esas empresas de telemarketing, para andar jodiendo a la gente con que compre cosas que ni necesita ni quiere, se me hace que pagan decente por la joda. Ya Luis me dijo que también lleva algo guardado de lo que ha ayudado con el negocio de su mamá, Europa ya no está tan lejos.
Daniel está organizando peda en su casa el fin de semana y va a invitar a Monica, hace chingos que no sé de ella y no sé si estará la cosa tensa, y pues, a ver qué.
El dolor de cabeza ya es casi imperceptible pero sigue ahí, que -otra vez- es por un cambio en la presión atmosférica, yo ya sólo quiero que se me quite.

27 de junio
Mañana tengo la "entrevista" en Teleperformance, como si el proceso de selección estuviera tan cabron. Daniel me contó que nada más te dan una plática y si te convence entras a entrenamiento, así de fácil. 
Por cierto, llevamos a los gatos con el veterinario, se pusieron loquísimos ayer y no supimos por qué, de hecho apenas y pudimos meterlos en la jaula. El veterinario dijo que les iba a hacer análisis y a mantener en observación uno o dos días, mencionó que no eramos los únicos con mascotas comportándose así, que ya le habían llegado varios casos similares, supone que es algo que está en el ambiente pero aún no confirma nada.



Están aquí no puedo creerlo los locos de Morelos tenían razón no puedo creerlo Qué está pasando Esto no puede ser verdad Pero cómo pudiera ser mentira La nave es gigante es la chingadera más grande que haya visto está ahí en medio del cielo no es un puto efecto especial no hay cables no hay pantallas Cómo puede ser real Qué pasa con el sol Porqué oscurece Que mierdas está pasando Dios mio Dios mio no entiendo AAAAaAaaaaAh Soy yo Qué pasa como puedo ver mi cara desde mi estómago soy yo soy uno de ellos.



jueves, 31 de mayo de 2012

0 El loco

Te levantas sin apuros, sabes que tienes responsabilidades que cumplir, pero unicamente por hoy no te importan.
Caminas por el pasillo que da a la cocina, te encuentras tranquilo y hasta tarareando alguna canción de los Beatles. Preparas tu desayuno asi como te gusta: torrejas con mantequilla y miel extra, un poco tostadas. Recuerdas cuando tu mamá las preparaba para ti y eso te llena de un sentimiento cercano a la nostalgia. Te dan ganas de marcar el telefono pero desistes.
Comienzas tu desayuno, comes lentamente para disfrutar el crujido de cada pedazo, y su sabor de nuevo te deja con esa nostalgia sepia. Terminas y ni te preocupas por recoger los platos - Hoy no- te dices.
Caminas hacia la sala y te detienes para ver una vez más su foto, piensas que es tan bella y tan ella que sabes que siempre la vas a entender y sólo esperas que ella te entienda. Vas a tu cuarto y te vistes pausado, tanto que te toma media hora el terminar, pero eso no importa, hoy no hay prisa y sales a la calle con el sol bien arriba.

Tu cabeza se siente más despejada. Ya no eres el que eras ayer y estás tranquilo.

En tu camino te detienes en un parque y te sientas en una banca, piensas que hoy es un dia tan agradable y disfrutas del viento con olor a manzanilla. Sales del parque y te diriges, solamente hoy sin prisa, hacia el edificio donde tú trabajas. Saludas al guardia y tomas las escaleras. Subes un escalón, dos escalones, tres escalones, un piso, dos pisos, cuatro pisos, ocho pisos, hasta que llegas a la azotea. Te paras en la orilla y admiras la ciudad que se te presenta.

Recuerdas que alguien te dijo una vez que la vida es un viaje, piensas que esa persona diria que tu viaje es uno truncado. Y entonces saltas.

 

martes, 28 de febrero de 2012

Historia de las dos rocas

Había una vez, hace mucho tiempo, tanto tiempo que los nombres de las cosas aun eran nuevos y el hombre no había terminado de inventarlos todos- una mujer llamada Kalik. De cabello largo y negro que ondulaba con la más leve brisa, ella servía en la casa de una poderosa hechicera. Todos los días debía atenderla, limpiar su hogar y asistirla en sus estudios. El poco tiempo desocupado que sus actividades le dejaban, un par de horas durante el atardecer, usualmente lo aprovechaba para ver a Somat, un joven del pueblo vecino. Somat era amable y serio, robusto como los hombres de esos tiempos.
Verlos juntos era como presenciar una escena de la naturaleza, un frondoso árbol junto a su flor meciéndose placentera con el viento. En esas horas parecían mimetizarse con el bosque, casi sin moverse, hablándose quedito el uno al otro. Qué secretos se contaban nadie los pudo saber, no eran reservados con la gente del pueblo pero cuando se les preguntaba sobre el otro sólo sonreían levemente y con un extraño anhelo en los ojos evadían a la persona.


Los motivos de la hechicera nunca fueron claros, algunos dicen que fue la incompetencia de la muchacha, la hechicera era una mujer muy severa y caprichosa de vez en cuando, y las distracciones de Kalik fueron motivo de muchas horas de regaños y experimentos frustrados. Otros juran que fueron los celos; no por Kalik, que aunque era joven y hermosa, la hechicera si lo quería podía serlo aun más. Si eran celos lo eran por Somat, ya que lo único que la mujer no podía cambiar en el mundo eran los afectos, ni los suyos ni los ajenos.
La hechicera al principio no ponía mayor atención en ese muchacho taciturno que visitaba a su asistente, pero fueron los ojos de Kalik, tan intensos y a la vez apacibles cuando estaba con él, esa mirada fue el camino que la llevó a los ojos de Somat, profundos y sabios.

Pudiera decirse que la curiosidad fue el principio y la razón de todo, curiosidad por saber qué hacía Kalik en esas horas que no estaba a su lado, curiosidad por saber quién era ese muchacho al que ella parecía confiarle el alma, la curiosidad hizo que se acercara demasiado. Pero no trató de separarlos; el orgullo, parte integral de ella, nunca se lo permitió. Así que todo lo que se concedía hacer era mirarlos día tras día en uno de sus espejos.
Y Aunque al principio no lo notó, porque era un chispazo que desaparecía al distraerse, la furia fue creciendo lenta y constante, transformándola, hasta que no se pudo contener en su cuerpo.

Cual fuera la razón, la hechicera, una de esas tardes en las que el ocaso cubría al mundo de cobre y Kalik y Somat -juntos como todos los días- sólo eran unas sombras debajo de un fresno; con la rabia y el despecho desbordándose en los ojos, cantó uno de sus más terribles hechizos.
A los ojos de Somat, el cuerpo de Kalik se dividió; mientras una yacía en el suelo, la otra de piedra negrísima se erigía ante él, sin expresión, sólo su cabello de onix ondulaba con un movimiento sobrenatural. Ni siquiera se dio cuenta que él mismo estaba cambiando y creciendo, negro también, de roca y tierra, se había convertido en un gigante.

La hechicera, por un misterioso capricho, había dejado el cuerpo de Kalik intacto, su alma era la estatua negra que aparecía frente a Somat. Con un movimiento de su mano, hizo que la tierra se abriera, después suspiró en el oído de ella:

-Ve a mi jardín y sé su guardián.-

En el fondo del abismo, la hechicera había cultivado un oasis. Pocas veces se habían visto tantas maravillas juntas; ahí la mujer jugaba a ser creadora, rosas que luminecían en la oscuridad, enredaderas y arbustos de colores inexplicables, los frutos más dulces nunca creados.
Obedeciendo las palabras de la hechicera el alma de Kalik levitó hasta el fondo, no hubo cambios en su rostro de negro alabastro, ni siquiera una última mirada al que había sido su compañero. Somat con lo pesado que se había vuelto su cuerpo, no pudo evitar que descendiera. Entonces, asolado, tomó el cuerpo de Kalik y se dirigió al abismo. La hechicera le advirtió:

-No creas que porque tu cuerpo ahora es de roca soportará la caída, si decides ir tras ella, nunca podrás regresar.-

Somat no respondió, saltó al abismo, creció aún más de lo que lo había hecho, creció hasta convertirse en una montaña; entre sus manos estaba el cuerpo de Kalik, frágil e inerte, su cabello moviéndose furioso. El fondo del abismo estaba cada vez más cerca, Somat protegió el cascarón que una vez fue Kalik con todas sus fuerzas.
El impacto fue colosal, un titán había caído desde la superficie haciéndose pedazos, granito y tierra dispersándose. Lo que quedó no tenía forma alguna reconocible, excepto dos manos en forma de plegaria, dentro, guardada entre la tierra, el cuerpo de Kalik.

La estatua, que no se había movido en todo ese tiempo, volteó hacia su anterior cuerpo, y una lágrima que erosionaba su mejilla continuó recorriéndola y resquebrajando. El polvo que desprendió viajó hacia la carne humana. 

Algunos cuentan que la plegaria de Somat se hizo realidad y la mujer volvió a la vida, otros dicen que el alma de Kalik, al verse liberada, simplemente se dispersó para encontrar a su compañero. Nadie sabe la historia completa excepto la hechicera, y en todos estos años ningún hombre o creatura fantástica se ha atrevido a preguntarle, ¿Quién podría tener el valor de recordarle su hora más oscura?

sábado, 29 de enero de 2011

Pecado original

There is special providence in the fall of a sparrow.
Hamlet

Le quebré el cuello a un pajarito. Mi abuela adoraba a ese canario de plumas cafés que le cantaba a su compañera todas las mañanas. Fue un juego inocente, la jaula podía dividirse en dos y él siempre buscaba cruzarla por ella, yo
encontraba divertido ver cómo se movía intrépido mientras la reja de metal se deslizaba; hasta que en uno de esos vuelos la reja se convirtió en guillotina. Primero un estremecimiento: abrí la jaula e intenté moverlo un poco, toqué su cabeza, era tan suave. Luego, por oleadas, llegó la culpa; subiendo subiendo hasta no soportar la idea de haber matado, nunca había sentido algo tan irremediable como su muerte, fulminante y absoluta, y ese nuevo sentimiento, ese que no había conocido hasta ese momento, una culpa primitiva que vino con el entendimiento del no retorno.

No miré atrás; corrí a mi cuarto y las lagrimas por fin se escaparon, primero una grande pasó por el contorno de mi mejilla, de ahí el resto se apilaba en mi lagrimal hasta desbordarlo. Lloré como nunca, no quería creer que por mi mano ese animal había dejado de existir, de que mis juegos acabaron con una vida. En la casa n
o se mencionó nada, simplemente hubo un pájaro menos.

Yo vivía con esta intensa culpa, ¿Se imagina usted lo que es escuchar a una conciencia que sabe lo que has hecho y hasta tu último pensamiento? Ya de adultos hemos aprendido a ignorarla y manipularla para que no sea molesta, p
ara que sólo intervenga en los momentos que nos conviene; Los niños no tienen ese tipo de filtro, así que no dejaba ir ese sentimiento, no puedo decir que ocupaba cada pensamiento mío pero siempre había algo en lo profundo de mi cabeza, algo punzante que no siempre tenía presente pero siempre me hacía sentir pesada e incómoda.

Recuerdo mi primera confesión, lo primero que le
dije al padre fue lo que creí era mi pecado más grande, pensé que me haría rezar un rosario entero, pero no, la fórmula de siempre: dos Padres nuestros y un Ave María, no dijo otra cosa. Yo me sentí aliviada pero no entera, esperaba deshacerme de esa carga que sentía pero faltaba algo que ni la confesión me pudo devolver, me seguía sintiendo sucia.

Así he pasado todo este tiempo ¿Que por qu
é le menciono todo esto? No lo sé, lo creí apropiado dadas las circunstancias. Han pasado muchos años desde que hice esa confesión y debo admitir que había perdido un poco la fe, pero tenía que decirle a alguien. Llovía mucho y no veía bien, ¡La niña se apareció de la nada! Sé que no debí huir pero cuando reaccioné mi pie estaba en el acelerador. ¿Entonces dos Padres nuestros y un Ave María?


jueves, 13 de enero de 2011

Vistas

Todo lo que ves son zapatos a través del vidrio de la sala de juntas. La parte media tiene un acabado esmerilado y no te permite ver nada arriba de la pantorrilla. La sala es lujosa y sobria, aunque afuera hay un marco con luces que cambian de color y se escuchan canciones en inglés como música de fondo. Ves que pasan mujeres con botas y tacones imposiblemente altos, notas que los tacones de aguja son los más usados, no entiendes su plática pero su tono es alegre y superficial; Crees que son secretarias y asistentes usando Prada, Jimmy Choo o alguna otra marca que no logras recordar, después de todo te encuentras en San Pedro, no te extraña una vista así. Cuando terminas ese pensamiento las piernas doblan la esquina y las pierdes de vista por completo.

Si hablaran, tus zapatos te dirían que se sienten fuera de lugar, no les gusta cómo los demás zapatos los miran, ellos no son de marca y francamente no entienden cómo unas secretarias que caminan la mitad del día pueden andar con modelitos tan poco prácticos y snobs, que no ayudan a sus dueñas y hasta se ensañan en hacer que se tropiecen.
No entiendes cómo adquiriste zapatos tan críticos y con un evidente complejo de superioridad. Tratas de concentrarte de nuevo en los japoneses y en sus esfuerzos fallidos por pronunciar la L, después de todo ese es tu trabajo, enseñarle al presidente de no sabes qué empresa automotriz y a sus asistentes cómo pronunciar la lengua torturada (por ellos) de Cervantes. Tus zapatos intervienen de nuevo: "¿Lengua torturada de Cervantes? - dicen - qué bueno que no te dedicaste a la escritura, no soportaría escuchar tus intentos fallidos y ver tu cara de frustración.
Ofendida, decides que esto de los zapatos teniendo conciencia no es tan conveniente como creías y tratas de alejarte de la fantasía. Los japonesitos te preguntan sobre unas conjugaciones irregulares y les enseñas el material, estos de nuevo se sumergen en las actividades que deben terminar y tú ahora intentas no ver los zapatos del otro lado del vidrio pero sigues escuchando su claqueteo en el piso de duela de la oficina. Ruidoso, muy ruidoso, ellos y su conversación no dejan concentrarte y pierdes el hilo de tus pensamientos.
Tu calzado está que echa humo por la suela, gastado y sin chiste, al ver la competencia pide un retiro bien merecido, ya ha estado demasiados años a tu servicio, te deja ver todas las raspaduras y la tierra que lo cubre y hasta alza un poco su suela para que puedas ver cómo se está despegando de esa esquina. Tú, mujer sin grandes pretensiones,
nunca sentiste la necesidad de darles un descanso, o incluso, de serles infiel comprando otro par que los sustituyera. Al menos no habías pensado en eso hasta que comenzaste a trabajar aquí. Nunca te sentiste cómoda alrededor del lujo y cada vez que entras a estas oficinas y ves a las secretarias tan bien maquilladas, peinadas y vestiditas con las últimas tendencias fashionistas, no puedes evitar comparar tu figura de mujer de clase media cansada de la misma ordinariedad.
Intentas no mirar hacia abajo pero ahí los tienes, llenos de reproches para ti, mostrándote la verdad que obstinadamente buscabas ignorar, porque era mucho más có
modo evadirse; Cambias la vista y encuentras a los otros, los que realmente pertenecen mientras tú sólo eres una visitante que está de paso y que no puede hacer otra cosa más que ver a través del vidrio cómo esos pares de piernas con sus respectivos zapatitos vienen y van y no se detienen por nada. Llegas a la conclusión que trabajar en esa burbuja de cristal por 3 horas a la semana te hace daño, mientras tú intentas ignorar las obvias comparaciones tus zapatos olvidan su papel original de soporte y se muestran al borde del colapso, derrotados por los del exterior.

Por cierto, tus zapatos han renunciado, están cansados de la humillación de saberse inferiores en cada aspecto. Ese día regresas a tu casa descalza, piensas que se siente tan bien el asfalto contra tus pies desnudos.

viernes, 15 de mayo de 2009

Polvo eres

Mamá nunca fue una persona ordenada, de cinco hijos yo era la única mujer y el trabajo de la casa recaía en mí. Había que levantar a mis hermanos, en la mañana hacerles el lonche y en la tarde la comida, barrer y trapear cada tres días y lavar cada martes y viernes; eso además de la escuela y las clases de piano que tenía todas las tardes. Si por alguna razón yo no podía con los quehaceres, nadie más lo iba a hacer por mí, y la casa irremediablemente terminaba desordenada y sucia.
Creo que debido a eso es que tengo una fijación por los espacios limpios; en mi hogar no hay indicios de moho en el baño, ni manchas de aceite en la cocina, no hay ropa desordenada y las ventanas siempre se mantienen cerradas para que no entre el polvo. Todo tiene su lugar y todo está en su lugar. Orden y limpieza, siempre me he regido por esos principios.

Así es que no me explico cómo es que llegue a esta situación, supongo que todo comenzó con esa primera motita de polvo que vi en la sala. Estaba ahí como una intrusa, contaminando el lugar con su sola existencia. Tan rápido como pude, agarré el trapo para sacudir y eliminé la amenaza. Para ese entonces lo más importante era el estado de mi casa, era de mañana y tener a los niños listos para la escuela, el desayuno preparado, el marido arreglado. Perfecto.
Lo que a veces me llegaba a molestar un poco, y sólo a veces, era que no notaran mi esfuerzo por mantener la casa en óptimas condiciones, él se iba de mañana y no regresaba hasta algo entrada la noche, los niños llegaban a medio día, comían y salían; y no es que no quisiera que estuvieran dentro, sólo que era tan difícil mantener las cosas en orden con ellos moviendo objetos sin permiso, tirando comida, corriendo y ensuciando. Además, era idea de él: "los niños deben estar afuera, deben jugar" así que los dejaba salir hasta la hora de la cena. Claro, si se preguntan qué hacía yo en todo ese tiempo, a qué me dedicaba con todos afuera, es simple, "cosas del hogar"; sweaters o bufandas en temporada de frío, confección de postres en el verano, repujado y arreglos florales, eso aparte de las responsabilidades en la sociedad de padres de familia y las labores domésticas, todo para el embellecimiento de la casa; mi hermosa casa, tan limpia y arreglada, perfecta y con cada objeto en el lugar donde pertenecía. Y no, no me sentía sola, sabía que hacía lo mejor para mi familia, tenía la esperanza de que en su momento llegaran a notarlo.

Aunque tal vez no fue esa motita de polvo lo que lo inició, tal vez fue después, con la llegada de la construcción; los vecinos decidieron que era hora de remodelar el parque que se encuentra frente a mi casa, "Arquitectura acorde a la época" dijeron, "embellecimiento de la colonia" continuaron. Lo que yo sé es que semanas después llegaron las retroexcavadoras y los camiones con tierra llenos de un polvo fino que se escapaba de las palas, flotaba por doquier, se colaba por los resquicios y cubría todo; los muebles, los estantes, las pequeñas figuras de cristal, ¡Los libros! Al principio me esmere porque no hubiera rastro del desagradable polvo, limpiaba cada 3 horas, sacudía los libreros, individualmente pulía cada figura, pero ya bien terminaba con un estante, el que estaba recién limpiado minutos atrás se veía invadido por una suciedad resucitada.
Debo reconocer que mis nervios sufrieron durante ese periodo. No llegue a dormir bien por muchos días y todo debido a las pesadillas: en algunas yo me encontraba reducida al tamaño de una hormiga, condenada a ver toda la suciedad que no era evidente para el ojo humano. Otras veces era perseguida por unos monstruos sucios, hechos de pelusa gris que en el sueño dominaban el lugar.
Mi marido e hijos no lo tomaron muy bien: los niños me dijeron que exageraba y que un poco de polvo no tenía porqué molestarme, mi esposo dijo palabras como 'nervios' e 'histeria' que no me hicieron mucho sentido. Para cuando hilé las ideas para tratar de explicarles ya se habían dado la vuelta continuando con sus actividades.
Creo que ocurrió cuando los niños tuvieron un periodo de vacaciones y mi marido tomó algunos días libres de su trabajo. Fue un día que tuve que ir a hacer la despensa, usualmente en las mañanas la casa se encuentra vacía a excepción de mí, así que aprovecho para salir a hacer las compras durante ese tiempo para que cuando lleguen siempre me encuentren en casa. Les dije específicamente que por ningún motivo debían dejar las ventanas abiertas porque el polvo entraría y ensuciaría todo. Ellos parecieron entender muy bien aunque creí ver en sus miradas algo que no debía estar ahí, y también noté un dejo de condescendencia en sus palabras. Ellos parecían entender.
Ese día hubo mucho viento, cuando llegué al parque logré ver a las retroexcavadoras esparciendo la tierra y ese detestable polvo corriendo por todo el lugar, sentí un leve sofoco de sólo pensar que algo de eso entraría al llegar a mi casa y abrir la puerta.
No me hicieron caso.
No recuerdo mucho lo que pasó después, era ese polvo tapando mi visión y yo caminando entre una bruma café, de cuando en cuando veía figuras, algunas no muy familiares, después mi marido dando un portazo, más tierra, mis hijos despidiéndose apurados por unas personas sin rostro.
El exterior, qué claridad...

miércoles, 28 de enero de 2009

VI Los enamorados

Siempre al deslizarse la tarde. Cuando veo que suben al segundo piso me escabullo sin que me noten. Es algo propio de los de mi clase ejecutar este tipo de maniobras, así hemos sido los testigos silenciosos del devenir del mundo.

Se desprenden de sus ropas con premura, comiéndose a intervalos. Yo termino agazapándome arriba del canasto de la ropa sucia, expectante por lo que va a suceder. Los observo, se encuentran los dos en su cama, se tocan, recorren sus cuerpos con manos y boca, se muerden, lamen, saborean cada vez con más furia, sus cuerpos se mezclan. Termino viendo un laberinto de piernas y brazos.
En su trance, no saben que soy los ojos que observan su acto, no se dan cuenta o tal vez no les importa, me creen sin conciencia. Pero sé muy bien lo que hacen, un rito tan antiguo como la vida misma. Se creen dueños del mundo, su mundo. La existencia no abarca más que la cama y sus cuerpos.

Es el sonido del alud, son rumores que cobran fuerza, primero tenues, después de himno. Es la unión de los cuerpos que con tanto anhelo buscaron.
Me acurruco en el stereo, ella es alba y hecha de burbuja, él es la tierra que la cubre y llena. Ya sólo queda el olor a musgo y lluvia y las suaves caricias que terminan por adormilarlos, en un abrazo que desean eterno, pero que, por supuesto, no lo es.

XV El diablo

No te gustan mis botas, te digo que te imagines otros zapatos entonces y tú contestas que no puedes por el taconeo que hacen, es precisamente por ese sonido que me gustan tanto, anuncian mi presencia que se acerca a ti. Igual me gusta escuchar el sonido de mis pasos en la banqueta mientras me llevas a tu casa.

Entro directo a tu cuarto y me quito el abrigo, siempre hace calor aquí. Volteo a verte y ya estás con esa mirada de "te quiero ya". Me muevo hacia el gato que está agazapado en su rincón, tú te me repegas sin aviso y me empiezas a tocar. Acercas tu lengua a mi oreja, y recorres tu mano sobre mi espalda; tramposo, sabes que es mi punto débil. Me despego de ti y te doy la espalda para darle una caricia a ese felino que te tuve que regalar. Tú te alejas y me vas saboreando con los ojos, te fijas en mis nalgas, dices que parecen un durazno, yo me río y disfruto de esa mira
da inquisidora, dispuesta a desnudar al menor movimiento.

Me doy la vuelta y busco la lámpara, la apago y nos baña una súbita media luz, todo el cuarto se viste de naranja. Lento y tan sigiloso te me acercas, buscas mi cuello, y sacas tu lengua para recorrerlo, subes a mi oreja y te deslizas hacia mis hombros, no lo soporto.

Te quito la ropa, rápido, descuidada y con fuerza. Me gustas, recorro tu torso mientras tú te apuras quitándome la falda y el resto de la ropa. Nos metemos entre las cobijas y el roce de tu cuerpo es delirio. Tanta piel, tanto calor, tanto contacto. Tu piel se ve de cobre en la habitación naranja y fascina. Y entonces tú nos cubres por completo con la cobija; estoy en un mundo de oscuridad donde sólo el tacto me ayuda a ubicarme, ese mareo que siento, al no poder verte y solamente sentir tus caricias, sentir tu lengua sentir tus dedos, sentirte... me pierdo y no quiero salir.

Verde amor

Ahora no cabe duda, la tortuga se ha enamorado de su dueña. Se le nota en la forma en que la mira, esos pequeños círculos negros que brillan cuando ella se mueve mientras dormita (su tortuguera está instalada justo enfrente de la cama, a un lado de la ventana); también cuando ella se acerca y la tortuga se aproxima al vidrio para poder verla mejor, se inquieta, mueve sus patas, todo en un desesperado intento por cruzar la barrera de cristal que los separa, sólo se llega a tranquilizar cuando ella se agacha y se pone a su nivel; la tortuga contempla sus bellos ojos cafés y se siente perdida, la adora por completo, le daría su mejor pedazo de lechuga si pudiera. Ella no es como la otra tortuga, que huye cuando su dueña se acerca, no, ésta se queda quietecita y la observa embelesada intentando profesarle todo su amor en el lenguaje de las burbujas.

También hay días en los que la tortuga se sube a su montaña sólo para tener una mejor vista de su amada, hallándola absorta en el estudio y los diversos quehaceres que hay en el hogar, y cuando de improviso llega a echar un vistazo hacia donde se encuentra, ella rápidamente vuelve apenada al agua, sintiendo una ansiedad en su caparazón.

La tortuga sueña con algún día poder tomar el sol en el hombro de su amor, y tal vez, sólo tal vez, poder hacer yoga juntos.


sábado, 17 de enero de 2009

Urolobos

Vivir en el estómago del lobo no estaba tan mal, extrañamente la boca del animal funcionaba como un agujero de gusano, terminando en unas entrañas amplias e iluminadas. Era un valle franqueado por montañas rosas donde al fondo se podía ver todo un rebaño de ovejas blancas y negras junto a 3 cerditos ataviados de manera extravagante.


Conforme los días pasaban el espacio se iba llenando con objetos cada vez más extraños: una pequeña maquina de coser, la pierna de una muñeca, una mecedora rota, la cabeza de un payaso de juguete, un anillo con una piedra roja, un piano de miniatura; todos ellos dispersos a través del campo aparecían con la sensación de que siempre hubieran estado en ese lugar, sólo invisibles al ojo distraido.
Para ese entonces otros animales habían llegado: patos, conejos, incluso una que otra ardilla; y con ellos los árboles. Días antes todo era una especie de planicie con lomas pequeñas que hacían del paisaje una marea verde, cubierta por completo de pasto. Después de la aparición de los animales los retoños salieron de la tierra: abetos, pinos, oyameles, cedros y más coníferas, creciendo a una velocidad tal, que un bosque entero se formó en días.

En las exploraciones hechas al recién nacido bosque apareció un viejo capuchón, produjo una sensación familiar. Lleno de polvo y con aspecto viejo, segúramente había estado a la intemperie por años; pero todavía conservaba la tibiez del forro y el terciopelo color vino no había perdido su suavidad. Ahora el aire del bosque comenzaba a enfriar y en el campo abierto no existía nada con qué cubrirse así que la prenda se volvió a usar.

Una tarde después apareció un camino formado de piedras azuladas el cual era franqueado por flores silvestres de color oro. Al final del sendero, que terminaba en lo más profundo del bosque, se encontraba una pequeña casa de madera con ventanas que parecían azucar cristalizado y en el portón capullos a punto de abrir. La puerta, llena de intrincados diseños, se encontraba entre abierta, dentro, la sala y la cocina estaban separadas por una celosía que era adornada por multiples relojes de arena, pequeñas figuras de porcelana y vasijas de vidrio soplado.
Al salir de la sala se llega a una pequeña terraza con varandal, la casa estaba al principio de un despeñadero cubierto por vegetación y mar. En la esquina de la terraza sobresalía una escalera muy empinada que parecía venir desde el fondo del barranco y conducía a una casita de arbol justo debajo de las bases de la construcción.

El viento arreciado por el desfiladero me alborotaba el cabello y las ropas. Iba bajando y una sensación extraña caía sobre mí, no era yo la que bajaba, por un momento fui otra, sentí una mirada sobre mi espalda.
Bajé la escalera.
Entré a la casa del árbol y todo estaba en penumbras, distinguí el contorno de una cama y a alguien en ella, hizo el ademán de que me acercara,
obedecí.


Vivir en el estómago del lobo no estaba tan mal.