jueves, 2 de julio de 2015
Onirios Pt. 4
jueves, 28 de mayo de 2015
Onirios pt. 3
Aunque es verdad que los científicos pudieran crear clones indefinidamente, lo que quieren es que su población se mantenga o que incluso crezca sin su ayuda; están dispuestos a incluir el elemento del azar en el experimento con tal de ver resultados favorables.
Tal vez se pueda pensar que buscaban ser algo parecido al concepto de dioses; los clones están hechos, de manera bastante literal, a imagen y semejanza de los investigadores. Puede ser que en realidad algo más que curiosidad científica los haya llevado a tomar esas decisiones, soberbios voyeristas de la nueva humanidad que espían a sus creaciones y en sus creaciones se ven a sí mismos teniendo otras vidas, satisfactorias y sin dudas.
lunes, 11 de mayo de 2015
Onirios Pt. 2
miércoles, 6 de mayo de 2015
Onirios Pt. 1
Ante los fracasos el proyecto casi es clausurado; sólo la casualidad, ese componente que los científicos no están tan cómodos con admitir que forma parte de algunos de sus más importantes avances, pudo devolverle el rumbo.
Uno de los investigadores tuvo éxito con una muestra de poca viabilidad y, siguiendo el mismo método, los clones resultantes llegaron a ser idénticos a sus originales, excepto que no había nada dentro, sin memoria y perfectos para la inserción del material genético secundario.
jueves, 19 de julio de 2012
La extraña vida de Edward Mordrake
A decir verdad, por muchos años no me di cuenta de su maldad, tal vez se encontraba ella en un estado latente o sólo esperaba para hacerme el mayor daño.
Debí tener unos cinco años cuando la recuerdo hablarme por vez primera; había bajado al pueblo con mi nana y ahí estaban todos, mirándonos sin vergüenza alguna, unos pocos hasta persignándose -qué razón tenían-. Yo no entendía sus miradas y pregunté qué pasaba sin recibir respuesta. Hasta que la escuché tan clara, mi hermana murmurando palabras de fuego y sangre. Comencé a llorar y nos regresamos al castillo bajo las morbosas miradas de la gente.
Después de ese suceso mi hermana sólo me habló durante la noche -otro signo de su naturaleza demoniaca- para incitarme a cometer lo que no puedo explicar mas que como los actos más repudiables e indescriptibles.
Aunque no todo el tiempo fue así, había temporadas en las que no me dirigía la palabra; eran meses de paz en los que yo pude concentrarme en la práctica del violín y en cultivar unas pocas amistades. Y justo cuando pensaba que ya no volvería, que me había librado de su caprichosa y maligna voluntad, volvía a escuchar su terrible voz, tentándome, hablándole a mis pensamientos más oscuros e incitándolos a que tomaran acción.
Largas fueron las horas que pasé insomne, suplicante a que guardara silencio. Le rogaba al cielo en un principio y al final terminé por rogarle a ella que acabara su incesante murmullo. Los demás decían que no la escuchaban pero yo sí; la veía por los espejos, contaminando mi espíritu y llevándolo a la perdición, burlándose de mis súplicas con una expresión retorcida y malvada.
Su presencia me ha invadido a tal grado que ha convertido mis sueños en pesadillas ocupadas por demonios y apariciones retorcidas; las pocas veces que puedo conciliar el sueño, despierto con la respiración agitada y un sudor frío, tratando de olvidar las visiones que me presenta.
Le rogué a mis padres que nos separaran, que acabaran con ella ya que nada bueno podía provenir de su ser. Mis padres, horrorizados, se negaron rotundamente y trataron de distraerme con la posibilidad de viajes y actividades banales.
Estoy en mi límite, ella está consumiendo mi alma y antes de que no haya retorno y realmente cometa uno de esos innombrables actos debo acabar con esto.
Por alguna imperdonable maldad de mis antepasados estoy cosido a este demonio y estoy determinado a destruirlo aunque con esto toda posibilidad de redención me sea negada. Una bala en su frente terminará con su existencia y mi sufrimiento.
Ahora, después de conocer mi historia querido lector, sólo tengo una humilde petición, deseo que se me separe de esta abominación antes de enterrarme, no sea que sus horrendos murmullos continúen atormentándome en la tumba.
Edward Mordrake
domingo, 10 de junio de 2012
El telescopio
Daniel tenía un mugrero en su carro pero ya quedó, le dije que con un cartón quedábamos tablas. Hoy pasaron en un noticiero un video donde supuestamente unas vacas estaban siendo abducidas por aliens, se veía muy real pero qué mamada, pensé que esas cosas nomás salían con Maussan, no en noticieros que se suponen son serios; Aunque ya no me debería sorprender, si la gente se cree todo lo que sale en La rosa de Guadalupe, porqué no mostrar en un espacio serio un video de vacas y extraterrestres, háganme el chingado favor. De jodido se hubieran secuestrado a la bola de políticos ratas que hay en el país, eso sí hubiera estado más interesante.
19 de junio
Ayer me mareé bien cabrón, empezó con un zumbido en los oídos y luego, suelo. Supongo me desmayé por un par de horas porque no recuerdo nada, lo bueno es que estaba solo en la casa así que al menos nadie supo, son muy exagerados con eso de la salud y para qué preocuparlos. Debió ser porque no desayuné ni comí por andar terminando las cosas que me encargó mi papá, se me fue el pedo esta vez.
21 de junio
Hoy caminando por Morelos me empezaron a hablar unos tipos de que la venida de los maestros intergalácticos ya viene y que me debo preparar para recibirlos y formar parte de ellos y no sé qué más. Por eso me gusta esa calle, siempre me encuentro a cada pinche loco aquí; y hasta eso estaba interesante su cotorreo, dicen que en una semana van a llegar con sus naves y que lo supieron por las coordenadas que dejaron en los plantíos de trigo en Tula de Allende hace unos meses, que hasta salió en las noticias para que los contactados supieran y se alistaran. Estaría chingón que vinieran los marcianitos a conquistarnos, total, ¿Qué tan peor se pueden poner las cosas?
25 de junio
No fue una buena noche, me empezó a doler la cabeza ojete y después de tomarme unas pastillas traté de dormir. No recuerdo mucho de mi pesadilla, sólo la sensación de estar flotando en un cuarto blanco y que unas manos abrían mi cuerpo y sacaban algo, no me dolía; pensándolo bien, no sé si es normal que nunca sienta dolor cuando sueño. Me desperté a medio día sudando, y más que nunca, sentía esa inexplicable tensión. El resto del día no pude hacer nada, me la pasé en la sala viendo la tele y tratando de no formar ni un pensamiento, que el dolor de cabeza no se me había pasado. Hasta ahorita pude levantarme y escribir un poco antes de dormir, espero no volver a soñar lo mismo.
26 de junio
Estuve buscando en una página algún trabajo de medio tiempo, creo que lo más probable será que entre a una de esas empresas de telemarketing, para andar jodiendo a la gente con que compre cosas que ni necesita ni quiere, se me hace que pagan decente por la joda. Ya Luis me dijo que también lleva algo guardado de lo que ha ayudado con el negocio de su mamá, Europa ya no está tan lejos.
Daniel está organizando peda en su casa el fin de semana y va a invitar a Monica, hace chingos que no sé de ella y no sé si estará la cosa tensa, y pues, a ver qué.
El dolor de cabeza ya es casi imperceptible pero sigue ahí, que -otra vez- es por un cambio en la presión atmosférica, yo ya sólo quiero que se me quite.
jueves, 31 de mayo de 2012
0 El loco
Caminas por el pasillo que da a la cocina, te encuentras tranquilo y hasta tarareando alguna canción de los Beatles. Preparas tu desayuno asi como te gusta: torrejas con mantequilla y miel extra, un poco tostadas. Recuerdas cuando tu mamá las preparaba para ti y eso te llena de un sentimiento cercano a la nostalgia. Te dan ganas de marcar el telefono pero desistes.
Comienzas tu desayuno, comes lentamente para disfrutar el crujido de cada pedazo, y su sabor de nuevo te deja con esa nostalgia sepia. Terminas y ni te preocupas por recoger los platos - Hoy no- te dices.
Caminas hacia la sala y te detienes para ver una vez más su foto, piensas que es tan bella y tan ella que sabes que siempre la vas a entender y sólo esperas que ella te entienda. Vas a tu cuarto y te vistes pausado, tanto que te toma media hora el terminar, pero eso no importa, hoy no hay prisa y sales a la calle con el sol bien arriba.
Tu cabeza se siente más despejada. Ya no eres el que eras ayer y estás tranquilo.
En tu camino te detienes en un parque y te sientas en una banca, piensas que hoy es un dia tan agradable y disfrutas del viento con olor a manzanilla. Sales del parque y te diriges, solamente hoy sin prisa, hacia el edificio donde tú trabajas. Saludas al guardia y tomas las escaleras. Subes un escalón, dos escalones, tres escalones, un piso, dos pisos, cuatro pisos, ocho pisos, hasta que llegas a la azotea. Te paras en la orilla y admiras la ciudad que se te presenta.
Recuerdas que alguien te dijo una vez que la vida es un viaje, piensas que esa persona diria que tu viaje es uno truncado. Y entonces saltas.
martes, 28 de febrero de 2012
Historia de las dos rocas
Los motivos de la hechicera nunca fueron claros, algunos dicen que fue la incompetencia de la muchacha, la hechicera era una mujer muy severa y caprichosa de vez en cuando, y las distracciones de Kalik fueron motivo de muchas horas de regaños y experimentos frustrados. Otros juran que fueron los celos; no por Kalik, que aunque era joven y hermosa, la hechicera si lo quería podía serlo aun más. Si eran celos lo eran por Somat, ya que lo único que la mujer no podía cambiar en el mundo eran los afectos, ni los suyos ni los ajenos.
La hechicera al principio no ponía mayor atención en ese muchacho taciturno que visitaba a su asistente, pero fueron los ojos de Kalik, tan intensos y a la vez apacibles cuando estaba con él, esa mirada fue el camino que la llevó a los ojos de Somat, profundos y sabios.
Pudiera decirse que la curiosidad fue el principio y la razón de todo, curiosidad por saber qué hacía Kalik en esas horas que no estaba a su lado, curiosidad por saber quién era ese muchacho al que ella parecía confiarle el alma, la curiosidad hizo que se acercara demasiado. Pero no trató de separarlos; el orgullo, parte integral de ella, nunca se lo permitió. Así que todo lo que se concedía hacer era mirarlos día tras día en uno de sus espejos.
Y Aunque al principio no lo notó, porque era un chispazo que desaparecía al distraerse, la furia fue creciendo lenta y constante, transformándola, hasta que no se pudo contener en su cuerpo.
Cual fuera la razón, la hechicera, una de esas tardes en las que el ocaso cubría al mundo de cobre y Kalik y Somat -juntos como todos los días- sólo eran unas sombras debajo de un fresno; con la rabia y el despecho desbordándose en los ojos, cantó uno de sus más terribles hechizos.
A los ojos de Somat, el cuerpo de Kalik se dividió; mientras una yacía en el suelo, la otra de piedra negrísima se erigía ante él, sin expresión, sólo su cabello de onix ondulaba con un movimiento sobrenatural. Ni siquiera se dio cuenta que él mismo estaba cambiando y creciendo, negro también, de roca y tierra, se había convertido en un gigante.
La hechicera, por un misterioso capricho, había dejado el cuerpo de Kalik intacto, su alma era la estatua negra que aparecía frente a Somat. Con un movimiento de su mano, hizo que la tierra se abriera, después suspiró en el oído de ella:
-Ve a mi jardín y sé su guardián.-
En el fondo del abismo, la hechicera había cultivado un oasis. Pocas veces se habían visto tantas maravillas juntas; ahí la mujer jugaba a ser creadora, rosas que luminecían en la oscuridad, enredaderas y arbustos de colores inexplicables, los frutos más dulces nunca creados.
Obedeciendo las palabras de la hechicera el alma de Kalik levitó hasta el fondo, no hubo cambios en su rostro de negro alabastro, ni siquiera una última mirada al que había sido su compañero. Somat con lo pesado que se había vuelto su cuerpo, no pudo evitar que descendiera. Entonces, asolado, tomó el cuerpo de Kalik y se dirigió al abismo. La hechicera le advirtió:
-No creas que porque tu cuerpo ahora es de roca soportará la caída, si decides ir tras ella, nunca podrás regresar.-
Somat no respondió, saltó al abismo, creció aún más de lo que lo había hecho, creció hasta convertirse en una montaña; entre sus manos estaba el cuerpo de Kalik, frágil e inerte, su cabello moviéndose furioso. El fondo del abismo estaba cada vez más cerca, Somat protegió el cascarón que una vez fue Kalik con todas sus fuerzas.
El impacto fue colosal, un titán había caído desde la superficie haciéndose pedazos, granito y tierra dispersándose. Lo que quedó no tenía forma alguna reconocible, excepto dos manos en forma de plegaria, dentro, guardada entre la tierra, el cuerpo de Kalik.
La estatua, que no se había movido en todo ese tiempo, volteó hacia su anterior cuerpo, y una lágrima que erosionaba su mejilla continuó recorriéndola y resquebrajando. El polvo que desprendió viajó hacia la carne humana.
Algunos cuentan que la plegaria de Somat se hizo realidad y la mujer volvió a la vida, otros dicen que el alma de Kalik, al verse liberada, simplemente se dispersó para encontrar a su compañero. Nadie sabe la historia completa excepto la hechicera, y en todos estos años ningún hombre o creatura fantástica se ha atrevido a preguntarle, ¿Quién podría tener el valor de recordarle su hora más oscura?

sábado, 29 de enero de 2011
Pecado original
Le quebré el cuello a un pajarito. Mi abuela adoraba a ese canario de plumas cafés que le cantaba a su compañera todas las mañanas. Fue un juego inocente, la jaula podía dividirse en dos y él siempre buscaba cruzarla por ella, yo encontraba divertido ver cómo se movía intrépido mientras la reja de metal se deslizaba; hasta que en uno de esos vuelos la reja se convirtió en guillotina. Primero un estremecimiento: abrí la jaula e intenté moverlo un poco, toqué su cabeza, era tan suave. Luego, por oleadas, llegó la culpa; subiendo subiendo hasta no soportar la idea de haber matado, nunca había sentido algo tan irremediable como su muerte, fulminante y absoluta, y ese nuevo sentimiento, ese que no había conocido hasta ese momento, una culpa primitiva que vino con el entendimiento del no retorno.
No miré atrás; corrí a mi cuarto y las lagrimas por fin se escaparon, primero una grande pasó por el contorno de mi mejilla, de ahí el resto se apilaba en mi lagrimal hasta desbordarlo. Lloré como nunca, no quería creer que por mi mano ese animal había dejado de existir, de que mis juegos acabaron con una vida. En la casa no se mencionó nada, simplemente hubo un pájaro menos.
Yo vivía con esta intensa culpa, ¿Se imagina usted lo que es escuchar a una conciencia que sabe lo que has hecho y hasta tu último pensamiento? Ya de adultos hemos aprendido a ignorarla y manipularla para que no sea molesta, para que sólo intervenga en los momentos que nos conviene; Los niños no tienen ese tipo de filtro, así que no dejaba ir ese sentimiento, no puedo decir que ocupaba cada pensamiento mío pero siempre había algo en lo profundo de mi cabeza, algo punzante que no siempre tenía presente pero siempre me hacía sentir pesada e incómoda.
Recuerdo mi primera confesión, lo primero que le dije al padre fue lo que creí era mi pecado más grande, pensé que me haría rezar un rosario entero, pero no, la fórmula de siempre: dos Padres nuestros y un Ave María, no dijo otra cosa. Yo me sentí aliviada pero no entera, esperaba deshacerme de esa carga que sentía pero faltaba algo que ni la confesión me pudo devolver, me seguía sintiendo sucia.
Así he pasado todo este tiempo ¿Que por qué le menciono todo esto? No lo sé, lo creí apropiado dadas las circunstancias. Han pasado muchos años desde que hice esa confesión y debo admitir que había perdido un poco la fe, pero tenía que decirle a alguien. Llovía mucho y no veía bien, ¡La niña se apareció de la nada! Sé que no debí huir pero cuando reaccioné mi pie estaba en el acelerador. ¿Entonces dos Padres nuestros y un Ave María?

jueves, 13 de enero de 2011
Vistas
Si hablaran, tus zapatos te dirían que se sienten fuera de lugar, no les gusta cómo los demás zapatos los miran, ellos no son de marca y francamente no entienden cómo unas secretarias que caminan la mitad del día pueden andar con modelitos tan poco prácticos y snobs, que no ayudan a sus dueñas y hasta se ensañan en hacer que se tropiecen.
No entiendes cómo adquiriste zapatos tan críticos y con un evidente complejo de superioridad. Tratas de concentrarte de nuevo en los japoneses y en sus esfuerzos fallidos por pronunciar la L, después de todo ese es tu trabajo, enseñarle al presidente de no sabes qué empresa automotriz y a sus asistentes cómo pronunciar la lengua torturada (por ellos) de Cervantes. Tus zapatos intervienen de nuevo: "¿Lengua torturada de Cervantes? - dicen - qué bueno que no te dedicaste a la escritura, no soportaría escuchar tus intentos fallidos y ver tu cara de frustración.
Ofendida, decides que esto de los zapatos teniendo conciencia no es tan conveniente como creías y tratas de alejarte de la fantasía. Los japonesitos te preguntan sobre unas conjugaciones irregulares y les enseñas el material, estos de nuevo se sumergen en las actividades que deben terminar y tú ahora intentas no ver los zapatos del otro lado del vidrio pero sigues escuchando su claqueteo en el piso de duela de la oficina. Ruidoso, muy ruidoso, ellos y su conversación no dejan concentrarte y pierdes el hilo de tus pensamientos.
Tu calzado está que echa humo por la suela, gastado y sin chiste, al ver la competencia pide un retiro bien merecido, ya ha estado demasiados años a tu servicio, te deja ver todas las raspaduras y la tierra que lo cubre y hasta alza un poco su suela para que puedas ver cómo se está despegando de esa esquina. Tú, mujer sin grandes pretensiones, nunca sentiste la necesidad de darles un descanso, o incluso, de serles infiel comprando otro par que los sustituyera. Al menos no habías pensado en eso hasta que comenzaste a trabajar aquí. Nunca te sentiste cómoda alrededor del lujo y cada vez que entras a estas oficinas y ves a las secretarias tan bien maquilladas, peinadas y vestiditas con las últimas tendencias fashionistas, no puedes evitar comparar tu figura de mujer de clase media cansada de la misma ordinariedad.
Intentas no mirar hacia abajo pero ahí los tienes, llenos de reproches para ti, mostrándote la verdad que obstinadamente buscabas ignorar, porque era mucho más cómodo evadirse; Cambias la vista y encuentras a los otros, los que realmente pertenecen mientras tú sólo eres una visitante que está de paso y que no puede hacer otra cosa más que ver a través del vidrio cómo esos pares de piernas con sus respectivos zapatitos vienen y van y no se detienen por nada. Llegas a la conclusión que trabajar en esa burbuja de cristal por 3 horas a la semana te hace daño, mientras tú intentas ignorar las obvias comparaciones tus zapatos olvidan su papel original de soporte y se muestran al borde del colapso, derrotados por los del exterior.
Por cierto, tus zapatos han renunciado, están cansados de la humillación de saberse inferiores en cada aspecto. Ese día regresas a tu casa descalza, piensas que se siente tan bien el asfalto contra tus pies desnudos.

viernes, 15 de mayo de 2009
Polvo eres
Así es que no me explico cómo es que llegue a esta situación, supongo que todo comenzó con esa primera motita de polvo que vi en la sala. Estaba ahí como una intrusa, contaminando el lugar con su sola existencia. Tan rápido como pude, agarré el trapo para sacudir y eliminé la amenaza. Para ese entonces lo más importante era el estado de mi casa, era de mañana y tener a los niños listos para la escuela, el desayuno preparado, el marido arreglado. Perfecto.
miércoles, 28 de enero de 2009
VI Los enamorados
Se desprenden de sus ropas con premura, comiéndose a intervalos. Yo termino agazapándome arriba del canasto de la ropa sucia, expectante por lo que va a suceder. Los observo, se encuentran los dos en su cama, se tocan, recorren sus cuerpos con manos y boca, se muerden, lamen, saborean cada vez con más furia, sus cuerpos se mezclan. Termino viendo un laberinto de piernas y brazos.
En su trance, no saben que soy los ojos que observan su acto, no se dan cuenta o tal vez no les importa, me creen sin conciencia. Pero sé muy bien lo que hacen, un rito tan antiguo como la vida misma. Se creen dueños del mundo, su mundo. La existencia no abarca más que la cama y sus cuerpos.
Es el sonido del alud, son rumores que cobran fuerza, primero tenues, después de himno. Es la unión de los cuerpos que con tanto anhelo buscaron.
Me acurruco en el stereo, ella es alba y hecha de burbuja, él es la tierra que la cubre y llena. Ya sólo queda el olor a musgo y lluvia y las suaves caricias que terminan por adormilarlos, en un abrazo que desean eterno, pero que, por supuesto, no lo es.
XV El diablo
Entro directo a tu cuarto y me quito el abrigo, siempre hace calor aquí. Volteo a verte y ya estás con esa mirada de "te quiero ya". Me muevo hacia el gato que está agazapado en su rincón, tú te me repegas sin aviso y me empiezas a tocar. Acercas tu lengua a mi oreja, y recorres tu mano sobre mi espalda; tramposo, sabes que es mi punto débil. Me despego de ti y te doy la espalda para darle una caricia a ese felino que te tuve que regalar. Tú te alejas y me vas saboreando con los ojos, te fijas en mis nalgas, dices que parecen un durazno, yo me río y disfruto de esa mirada inquisidora, dispuesta a desnudar al menor movimiento.
Me doy la vuelta y busco la lámpara, la apago y nos baña una súbita media luz, todo el cuarto se viste de naranja. Lento y tan sigiloso te me acercas, buscas mi cuello, y sacas tu lengua para recorrerlo, subes a mi oreja y te deslizas hacia mis hombros, no lo soporto.
Te quito la ropa, rápido, descuidada y con fuerza. Me gustas, recorro tu torso mientras tú te apuras quitándome la falda y el resto de la ropa. Nos metemos entre las cobijas y el roce de tu cuerpo es delirio. Tanta piel, tanto calor, tanto contacto. Tu piel se ve de cobre en la habitación naranja y fascina. Y entonces tú nos cubres por completo con la cobija; estoy en un mundo de oscuridad donde sólo el tacto me ayuda a ubicarme, ese mareo que siento, al no poder verte y solamente sentir tus caricias, sentir tu lengua sentir tus dedos, sentirte... me pierdo y no quiero salir.

Verde amor
Ahora no cabe duda, la tortuga se ha enamorado de su dueña. Se le nota en la forma en que la mira, esos pequeños círculos negros que brillan cuando ella se mueve mientras dormita (su tortuguera está instalada justo enfrente de la cama, a un lado de la ventana); también cuando ella se acerca y la tortuga se aproxima al vidrio para poder verla mejor, se inquieta, mueve sus patas, todo en un desesperado intento por cruzar la barrera de cristal que los separa, sólo se llega a tranquilizar cuando ella se agacha y se pone a su nivel; la tortuga contempla sus bellos ojos cafés y se siente perdida, la adora por completo, le daría su mejor pedazo de lechuga si pudiera. Ella no es como la otra tortuga, que huye cuando su dueña se acerca, no, ésta se queda quietecita y la observa embelesada intentando profesarle todo su amor en el lenguaje de las burbujas.
También hay días en los que la tortuga se sube a su montaña sólo para tener una mejor vista de su amada, hallándola absorta en el estudio y los diversos quehaceres que hay en el hogar, y cuando de improviso llega a echar un vistazo hacia donde se encuentra, ella rápidamente vuelve apenada al agua, sintiendo una ansiedad en su caparazón.
La tortuga sueña con algún día poder tomar el sol en el hombro de su amor, y tal vez, sólo tal vez, poder hacer yoga juntos.
sábado, 17 de enero de 2009
Urolobos
Para ese entonces otros animales habían llegado: patos, conejos, incluso una que otra ardilla; y con ellos los árboles. Días antes todo era una especie de planicie con lomas pequeñas que hacían del paisaje una marea verde, cubierta por completo de pasto. Después de la aparición de los animales los retoños salieron de la tierra: abetos, pinos, oyameles, cedros y más coníferas, creciendo a una velocidad tal, que un bosque entero se formó en días.
En las exploraciones hechas al recién nacido bosque apareció un viejo capuchón, produjo una sensación familiar. Lleno de polvo y con aspecto viejo, segúramente había estado a la intemperie por años; pero todavía conservaba la tibiez del forro y el terciopelo color vino no había perdido su suavidad. Ahora el aire del bosque comenzaba a enfriar y en el campo abierto no existía nada con qué cubrirse así que la prenda se volvió a usar.
Al salir de la sala se llega a una pequeña terraza con varandal, la casa estaba al principio de un despeñadero cubierto por vegetación y mar. En la esquina de la terraza sobresalía una escalera muy empinada que parecía venir desde el fondo del barranco y conducía a una casita de arbol justo debajo de las bases de la construcción.
El viento arreciado por el desfiladero me alborotaba el cabello y las ropas. Iba bajando y una sensación extraña caía sobre mí, no era yo la que bajaba, por un momento fui otra, sentí una mirada sobre mi espalda.
Bajé la escalera.
Entré a la casa del árbol y todo estaba en penumbras, distinguí el contorno de una cama y a alguien en ella, hizo el ademán de que me acercara,
obedecí.
Vivir en el estómago del lobo no estaba tan mal.







